Una mirada cualitativa
La crisis económico-financiera mundial
(reflexiones desde el Humanismo Económico)

                                                                  Dr. Luis Eugenio Di Marco
Director del CIEC*

Esta nota es básicamente didáctica, un deber docente para el hombre común aturdido por tanto tecnicismo, por la información de cronistas de tantos medios radiales, televisivos, gráficos.  En primer lugar, conviene señalar que el origen más inmediato de la “crisis” que hoy “hace temblar a los mercados financieros” del mundo, nace con el conocido desmanejo de los créditos hipotecarios en los Estados Unidos (en buen romance, la ligereza de algunos bancos que concedieron préstamos con garantías casi ridículas—se otorgaban créditos con hipotecas por la mitad o hasta la décima parte del valor de los inmuebles, junto al juego de pingües tasas de interés para “descuidados” ahorristas).  Obviamente, la crisis financiera—tal vez una trampa bien hecha—no tardó en llegar y arrastró no sólo a las entidades involucradas, sino a bancos importantes del sistema de la Reserva Federal de Estados Unidos. Se la considera la mayor crisis desde los 1990´s.
En segundo lugar, como lo monetario está íntimamente ligado a la economía real, el impacto se hizo sentir en las actividades productoras de bienes y servicios de todo el país. Si a ello se agrega la ausencia de una política efectiva de la banca central norteamericana (la citada Reserva Federal), fácil es imaginarse el “efecto derrame” que tuvo la quiebra generalizada de los entes financieros involucrados inicialmente.
En tercer lugar, el hombre común se pregunta por qué una crisis nacional se difunde a todo el sistema.  Aparte de que vivimos el “mundo global”,  y este es un dato necesario, los Estados Unidos representan poco más o menos el 33 por ciento de la economía internacional.  Se trata de un enorme peso relativo, y es por ello que, dada las aceitadas relaciones de todo tipo (comerciales, financieras, etc.) que tiene este país, todo se “contagia”.  Y eso es lo que está sucediendo.
En cuarto lugar, si la Argentina le vende bienes a los Estados Unidos, fácil es colegir que ante la recesión (caída del nivel de la actividad económica o baja de la demanda de bienes y servicios), ello se trasluce, por ejemplo, en la venta de productos primarios como los que exporta un país como el nuestro. Si bien puede no representar un volumen relevante lo comercializado con el país del Norte, hay que computar los países del Resto del Mundo con el que  la Argentina tiene negocios (piénsese los europeos, los del Asia, algunos de África, los de América Latina). 
En quinto lugar, todavía no se sabe hacia dónde se canalizará y qué sesgo tendrá: será una caída del nivel de actividad con inflación, o habrá una deflación monetaria (“estanflación”), o será una combinación de ambas.  Las lecciones que deja la experiencia vivida muestran caídas en los mercados bursátiles como expresión concreta, una incertidumbre sobre aquello que puede suceder en los sectores reales de la economía, la ausencia de los supuestos grandes conductores de las finanzas (tales como los de la Reserva Federal norteamericana o los del Fondo Monetario Internacional) para cambiar el rumbo de los hechos, etc.
Finalmente, y desde la perspectiva del Humanismo Económico que campea en el Centro de Investigaciones Económicas de Córdoba (fundado en 1975) y su Red Argentina de Centros, nadie parece ocuparse del recurso más importante,  y él no es otro que el hombre común de la historia. La caída en el nivel de la actividad económica significa el despido de cientos de miles de trabajadores, resorte al que siempre acuden los dueños del capital cuando sus empresas caen. Todo esto es muy significativo para quienes sentimos solidaridad por el otro, y es por eso que llamamos la atención a los tomadores de decisiones (funcionarios de áreas económicas y sociales, dirigentes empresarios y laborales, jerarquías religiosas, directivos académicos, responsables de los medios de comunicación,  otros) que, en sus diversos niveles y ámbitos de acción, son capaces de sentir compromiso por el otro.  Desde el CIEC, hemos hecho nuestro esfuerzo para “cambiar la historia”, y él no es otro que el Plan Esperanza, como estrategia de acciones (o instrumentos)  de política social y económica para dar trabajo a los que no tienen, lograr remuneraciones dignas para todos, hacer una nación solidaria.

         Córdoba, Enero 2008.
         Referencia
L. E. Di Marco, editor, El Plan Esperanza, la estrategia del Humanismo Económico para la Argentina (prolegómenos de una nación solidaria), Córdoba: Ediciones CIEC, 2007 (para obtenerlo, luchociec@yahoo.com.ar).
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         *L. E. Di Marco, doctorado en Economía tanto en la Universidad de Córdoba (Argentina) como en la University of California, Berkeley, USA., profesor de Economía de Universidades nacionales y extranjeras, ha publicado 42 libros en la Argentina y en los Estados Unidos, y dirige el CIEC, Centro de Investigaciones Económicas de Córdoba, cabecera del Humanismo Económico, cuya Red de Centros tiene al Plan Esperanza como su estrategia de política económica y social. Correo electrónico, luchociec@yahoo.com.ar.  Pág. web, www.fundacionciec.org.ar. Tel. 0351 155 599 549.

 
 
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